Nosotras también tenemos ideales, sueños y metas por cumplir

Por Gabriela Juncosa (Ecuador, AC 2007-2009)

 

 

Hace un par de años estaba yo de visita en un hospital de una comunidad indígena en mi país, Ecuador. Ese día cargué en mis brazos a un bebé que había nacido hace pocas horas. Cuando pregunté por la madre del niño la cara de la hermana religiosa, que fue mi guía aquel día, se transformó dramáticamente. Ese niño había sido el resultado del dieciochoavo embarazo de una mujer de la comunidad, el cuerpo de su madre no resistió tanto trabajo y lamentablemente falleció durante el parto. Además, ni el padre ni la familia de la madre quería hacerse cargo del recién nacido, tenían ya demasiados infantes a su cargo, no tenían ni las ganas, ni la energía y peor aun el dinero para cuidar uno más. 

 

 

En ese momento estaba lejos de comprender lo que todo eso implicaba pero fue algo que se me quedo grabado en la mente y en el corazón, por el niño, pero mucho más por la madre.

Conforme fui creciendo, cada cosa que aprendía acerca de la realidad de las mujeres en mi país, en especial de las mujeres indígenas, que es muy distinta a la de las que vivimos en la ciudad, estaba lejos de ser la situación ideal en la que yo, como mujer Latinoamericana creía y sigo creyendo. A muchas de ellas se les ha asignado la función de ser generadoras de vida y nada más que eso. Con esto no quiero renegar del regalo que se no ha dado, precisamente porque es un regalo debe ser vivido y disfrutado de forma voluntaria y en las mejores condiciones posibles tanto para la madre como para la pareja, porque tener un hijo es tarea de dos. 

Una de la herencias de la colonizacion Española fue la Religión Católica, factor que ha jugado, y los sigue haciendo, un papel muy importante en nuestra vida política, económica y social. Es un poco contradictorio que aunque La Constitución Ecuatoriana diga que somos un país laico, la Iglesia siga influyendo en las decisiones del Estado. Como por ejemplo, el caso de la penalización del aborto y los intentos, casi efectivos, de penalizar el aborto terapéutico y prohibir la píldora del día después. Que han sido marchas y levantamientos populares liderados por la Iglesia.

No creo estar en la posición dar una respuesta para todas las discusiones que se han generado alrededor de estos tres tema principales, sin embargo creo que como mujeres merecemos ser consultadas y el Estado ecuatoriano tiene la obligación de analizar y trabajar por mejorar la realidad de cientos de mujeres ecuatorianas que, como la madre de aquel niño, no cuentan con una educación sexual adecuada y que día a día arriesgan sus vidas porque no quieren tener más hijos de los que su cuerpo y bolsillo puedan aguantar.

Creo que como país cristiano-católico debemos sentarnos a discutir esas realidades, porque está claro que no hablar del tema no ha solucionado el problema. Está claro que defendemos la vida, pero queremos preservar la nuestra y no como incubadoras de nuevos seres, sino como seres humanos con ideales, sueños y metas por cumplir, como cualquier otro hombre de este planeta.  

 

 

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